La incorporación del senador Javier Lozano a la campaña de José Antonio Meade con­lleva un mensaje rudo para el PRI: el candidato necesita del PAN para ganar.

Esto significa un reconocimiento de las dificultades con las que se pelea la Presidencia: el priismo no puede solo. Es un golpe adicional al dedazo a favor de un abanderado sin militancia por la mala reputación de la marca partidista.

Convertir a Lozano en uno de los vo­ceros de Meade va más allá de asumir las limitaciones en la comunicación del pri­mer círculo del candidato. Es una jugada que trasciende al exsecretario de Trabajo del presidente Felipe Calderón.

Se trata de una operación que bus­ca jalar a los panistas inconformes con Ricardo Anaya, aspirante de la coalición PAN-PRD-Movimiento Ciudadano.

Hay todavía más: la aceptación del contubernio con el que se han movido los liderazgos de ambos partidos desde el sexenio de Carlos Salinas.

Eso es lo que en el fondo estamos atestiguando: el intento de formalización del denominado PRIAN.

Sí: el PRIAN que permitió a Salinas salir a flote después de una impugnada elección que dio paso al PRD en 1988.

Ese PRIAN que, en 2006, legitimó el triunfo de Calderón y concretó su toma de protesta mientras el perredis­mo alegaba que le habían hecho fraude a Andrés Manuel López Obrador.

Del PRIAN de esa coyuntura viene el senador Lozano, quien entonces dejó las filas priistas para volverse panista caldero­nista ante el rezago de Roberto Madrazo, en tercer lugar de la competencia.

Fue en ese 2006 cuando se consolidó la idea del voto útil del PRIAN, promo­vido desde las cúpulas del PRI: algunos gobernadores y la lideresa del sindicato magisterial, Elba Esther Gordillo.

Seis años después, cuando la militan­cia del PAN le dio la espalda a Ernesto Cordero, delfín del presidente Calderón, el PRIAN volvió a reactivarse a favor del candidato Enrique Peña.

La presidenciable panista Josefina Vázquez Mota nunca entusiasmó al cal­deronismo “prianista” que —representa­do en 2012 por el entonces secretario de Hacienda, José Antonio Meade— inclinó la balanza a favor del priista que lideraba las encuestas.

Es complejo determinar si la abande­rada del PAN se rezagó en un tercer lugar porque las cúpulas del PRIAN se habían decidido por Peña o si éstas tomaron esa decisión ante el estancamiento de la ex­titular de la Sedesol y de la SEP.

Lo cierto es que los autodenomi­nados senadores rebeldes —Lozano, Cordero, Roberto Gil Zuarth, Salvador Vega Casillas, entre otros— y funciona­rios como los exvoceros de Calderón, Max Cortázar y Alejandra Sota, dieron a Josefina por derrotada desde el princi­pio de la contienda.

Gente del primer círculo del presi­dente Peña cuenta que Meade fue el principal operador del acuerdo con el calderonismo debido a su amistad y cer­canía con Luis Videgaray.

Es cierto que el Pacto por México, en el arranque del sexenio, desplazó a los calderonistas, cuando el dirigente del PAN, Gustavo Madero, tomó las nego­ciaciones con Miguel Osorio, Aurelio Nuño, Videgaray y Meade.

Eso explica que “los rebeldes” que en diciembre hicieron mayoría con el PRI para aprobar la Ley de Seguridad Interior y elogian a Meade como la mejor opción, son los mismos que entre 2013 y 2017 descalificaban a Madero y a Anaya por entregarse, decían, al gobierno de Peña y renunciar a ser una oposición en serio.

Se sabe que todavía el año pasado Anaya y su gente hablaban con Meade y Videgaray sobre cómo “bajar” a López Obrador del primer lugar.

Pero en medio de la campaña en Coahuila, Estado de México, Nayarit y Veracruz, se acentuaron los ánimos aliancistas de las dirigencias del PAN con las del PRD y Movimiento Ciudadano, y vino la ruptura del PRIAN de Anaya.

Es ante esa reconfiguración opositora que el presidente Peña toma la apuesta del PRIAN que, a juzgar por sus reaccio­nes, tiene el visto bueno de los exmanda­tarios panistas Vicente Fox y Calderón.

El día que renunció Lozano dijimos en Twitter que puede convertirse en la peor pesadilla de Anaya porque lo co­noce y puede operar como un oasis de información para el cuarto de guerra de Meade.

A menos que el Frente arme una es­trategia exitosa contra el PRIAN.

En la campaña de Anaya, donde el dirigente de MC, Dante Delgado, es el más cercano político no panista, se afir­ma que retomarán el discuro panista antirégimen.

Así lo confirmó en Twitter el dipu­tado naranja Jorge Álvarez Máynez: “Lozano, como Calderón, Fox y Meade, regresan a la que es su casa: al PRI. Gra­cias al Frente, se acabó el PRIAN y ahora todos están en el PRI”.

Y los potenciales aliados del Fren­te difundieron similar narrativa. “Fal­ta que el resto de los #RebeldesdelPAN también salgan del clóset”, escribió Juan E. Pardiñas, del Imco.

Lo anterior enojó al expresidente Calderón, quien indirectamente se puso del lado de Lozano, aun cuando su giro debilita el carácater opositor de la presi­denciable Margarita Zavala. “Siempre me ha merecido respeto @JEPardinas. Este tuit, sin embargo, es prejuicioso, irrespetuoso, ruin. Es más, ‘salir del clóset’ es una expresión incluso homofóbica”.

¿Tendrán Anaya y sus aliados frentis­tas la capacidad de seguir hasta el final la ruta del panista perredista Javier Corral, gobernador de Chihuahua, confrontan­do al PRI y al gobierno de EPN?

¿O será Meade el artífice de la institu­cionalización del PRIAN convirtiéndose en su mandatario?

 

 

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