Políticos “normales”

 

Por Jaina Pereyra

Generalmente inicia con un “oye, queremos que nos des un curso”. Acordamos precio y fechas. Unos días antes del vuelo, me piden modificar los días porque al presidente/diputado/candidato le salió un compromiso ineludible; la grilla está muy complicada; tiene que acompañar a alguien a un viaje, recibir a una persona. Acordamos otra fecha. Eventualmente, el curso se lleva a cabo. Esto es lo que pasa casi siempre. Esta vez también.

Lo que nunca pasa, nunca me había pasado, es que el presidente/diputado/candidato llegara al curso desde la primera hora; que pusiera atención plena, ignorara su teléfono, tomara notas, hiciera preguntas, resolviera los ejercicios, se sometiera al más estricto de los escrutinios. Que me cautivara más con sus silencios que con sus palabras, con su disposición a recibir, más que a imponer, con sus ansias de escuchar una retroalimentación en vez de la zalamería que tantos necesitan. Normalmente pido al equipo que me describa a su jefe: cómo es, por qué está en política, cuál es su aspiración, cuáles son los temas que lo emocionan, por qué está en el cargo en el que está, cuáles son sus fortalezas, cuáles sus debilidades.

Soy de las que está convencida que ésa es la materia prima más poderosa de todo candidato: ellos mismos. Desde mi perspectiva, todo se puede vender, menos una mentira. A menos que tengas un gran actor, un Vicente Fox que puede ser un ranchero después de ser un alto ejecutivo de una refresquera en donde jamás se apareció con bota piteada.

Sé que a nuestros políticos les han enseñado que tienen que estar siempre en “su mejor versión”: fuertes, formales, imponentes. Tienen que sonreír, nunca pueden ser honestos porque eso los debilita. Y como eso evidentemente es una pose, la gente empezó a desconfiar y ahora pide gente “real”. Los candidatos, en vez de enseñarnos su realidad, fingen una que piensan parecida a la nuestra: llevan a sus hijos a la escuela, se cortan el pelo, comen tortas ¡sin cubiertos!

Pero nadie, nadie quiere enseñarnos quién es. Y surgen estrategias que simplemente no concibo: Anaya de rockstar, Mikel albureando, del Mazo ¡fuerte y con todo!

Este candidato es distinto. Escucha, se conmueve, se ríe. Pone cara de escepticismo ante las respuestas de su equipo de quién es él. Él no se reconoce en los adjetivos de los que lo llenan; muchos de los cuales son ciertos, pero suenan postizos.

“Es un hombre muy sensible”, me dicen de tal manera que me quieren convencer y no lo logran. En la tarde le pido al candidato que nos cuente una anécdota que se insinuó en la comida. Mientras la platica, se le llenan los ojos de lágrimas. “Sentí”, voltea a verme a los ojos y desiste porque no puede sostenerme la mirada … “sentí muy bonito”. “Ponle nombre al sentimiento”, le pido: “¿qué sentiste?”. Claudica: “pues… amor, mucho agradecimiento”, y sonríe liberado de poderlo decir.

Durante los días que dura el curso me convence. No recuerdo haber conocido a alguien tan poco protagónico. Todas las anécdotas están llenas de otros, de aprendizajes de otros. Me contaba, por ejemplo, del coraje de una familia, cuyo hijo desapareció y cuyos restos tardaron mucho en poder identificar. Se acuerda del nombre y apellido de todos los involucrados. “Y entiendo su enojo, ellos pusieron muchas esperanzas en mí”, es una de las frases que construyen su relato. Todos sus testimonios empiezan con “desde mi perspectiva”, “yo creo”, “no estoy seguro, pero me da la impresión”. En esa disposición de aprender en silencio se va reflejando capacidad muy desarrollada de establecer diagnósticos, de leer a los interlocutores, de conciliar voluntades.

Su equipo lleva casi una década trabajando con él. Me cuentan cómo se incorporaron.

Una de ellas es egresada del grupo de apoyo a jóvenes que organizó el futuro candidato. Me cuenta la experiencia. Es una anécdota tan poderosa, que habla de liderazgo, de lealtad, de visión, de humanidad, de estrategia, de capacidad ejecutiva, de disposición a hacer equipo. A ellos le parece tan normal que no se han dado cuenta de que ése es su atributo más poderoso. Se fueron con la finta de que tiene que ser un político clásico. Están, con sus innumerables adjetivos, ocultando a un hombre para quien el encuentro con el otro es trascendente, memorable, educativo. Un hombre sincero, que confía, que se entrega.

Al día siguiente me lleva a su papá y a su esposa al curso. Reviso sus redes sociales. Ni una foto llevando a sus hijos a la escuela, ni una comiendo tacos en la calle, bajando por un café al Oxxo. Y eso, me cuenta su equipo y me toca ver, lo hace todos los días…
                  *

Experta en discuro político.
 Directora de Discurseros SC.

Imágen Portada: 
Imágen Principal: 
Send to NewsML Feed: 
0

Source: Noticias

News Reporter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.