Era digital y siquismo humano

 

Por Santiago García Álvarez

Somos la generación que más imágenes ha introducido en sus cabezas. Nunca antes una persona recibía tantas fotografías, videos y gifs en un día ordinario. Tampoco había visto tantas noticias, películas y series en un mes. Nuestro siquismo recibe numerosos estímulos en un año. ¿Seremos las mentes más atormentadas de la historia? No lo sé. Pero, sin duda la era digital nos presenta grandes oportunidades y retos.

Hace no mucho tiempo se estrenó una película llamada Intensamente. Más allá de la calidad de la animación o del argumento –buenos en mi opinión-, es notorio que existen sicólogos y expertos en antropología humana detrás de sus conceptos.

La protagonista es una niña cuya familia cambia de ciudad. Su mente infantil sufre los numerosos inconvenientes de tal cambio: otra ciudad, lejanía de sus amigos, nueva escuela, etc. Dentro de su ser interactúan varios personajes, cada uno de ellos representando un sentimiento: la ira, la aversión, la tristeza, el temor y la alegría.

Al mismo tiempo, la película refleja cómo funciona su memoria, imaginación y pensamiento. Se habla de pensamientos centrales, de memoria a corto y largo plazo, de un tren del pensamiento, entre otras cuestiones. Se trata de una representación gráfica, no precisa desde el punto de vista técnico, pero sí muy sugerente y simpática, que reflejan el interior de un ser humano. Los productores hacen un trabajo particularmente bueno en relación con la memoria: las esferas correspondientes a cada sentimiento se van acumulando hasta formar una especie de “laboratorio de colores”, enorme recipiente de los recuerdos y sentimientos guardados de una persona.

Se habla de que las generaciones actuales, particularmente la llamada Generación Z, son nativos digitales. Las personas nacidas después de 1995 han convivido siempre con el internet. Actualmente, un niño de cualquier nivel educativo recibe una impresionante cantidad de inputs a través de diferentes mecanismos: el WhatsApp, Facebook, series,  películas, entre muchos otros. Todas esas imágenes, sonidos y sensaciones anidan en su interior. Existen contenidos positivos, pero también algunos nocivos para mentes infantiles (aunque habría que decir que también lo son para mentes adultas): violencia, pornografía, chismes, malas noticias, difamaciones, críticas, etc. Y muchos otros ni buenos ni malos, sino simplemente ociosos.

¿Todos esos contenidos afectan a los niños y jóvenes? Evidentemente sí. ¿Cómo es la mente de estas personas? Si los sentidos han dejado entrar numerosas imágenes nocivas, la memoria tenderá a guardarlas. Si esta mente no tiene otras referencias, otros inputs positivos, entonces el porcentaje de la memoria con contenidos negativos será mayor.

La imaginación está naturalmente vinculada a la memoria. No se construye de la nada, sino que solemos partir de imágenes o contenidos adquiridos y a partir de ellos generamos otros más. Si una memoria está altamente cargada de contenidos negativos será más difícil que esa imaginación pueda producir innovación, pensamiento creativo, y que esa persona pueda generar entornos propositivos, relaciones desinteresadas, fraternidad, cariño.

Alguna vez habremos escuchado el ejemplo de personas que fueron formadas al lado de animales, sin interacción humana ni cariño. Con el paso del tiempo tendían a comportarse como animales y desarrollaban poco lo realmente humano: la creatividad, los buenos deseos, las acciones propositivas, los proyectos y las metas nobles.

El ecosistema agresivo que nos rodea –noticias, imágenes, contenidos digitales, violencia familiar, inseguridad, etc.- no favorece la formación de personalidades sanas. Esperamos mucho de las nuevas generaciones: ideas nuevas, innovación, creatividad, entornos sanos, ética; sin embargo, permitimos un entorno perverso, que afecta sus sentimientos, su capacidad de acción, que llena su memoria y no favorece un desarrollo creativo de la imaginación. Regresando a la película Intensamente, pensemos cómo será la memoria a corto y largo plazo de una persona que ha recibido continuamente estímulos neutros o negativos, y el evidente peligro de que los personajes tristes, iracundos o temerosos conduzcan su vida.

Sabemos que cada vez existen más casos de depresión infantil y juvenil en nuestro entorno. ¿Las causas? Existen muchos factores ¿No será que tanta imagen negativa les afecta? Los inputs que reciben su cabeza y afectos influyen. No le pidamos a un niño que ha recibido miles de imágenes negativas que ahora cante de alegría, genere ideas maravillosas y transforme a su país. ¿Cómo hacerle para que las mentes de nuestros niños y jóvenes tengan más imágenes positivas, así como una memoria y una imaginación más cultivadas?

Con frecuencia los padres de familia y las instituciones educativas minimizan estos riesgos. Ojalá encontremos mecanismos como sociedad para permitir inputs más sanos en nuestros niños y jóvenes. Y tomemos en serio nuestra responsabilidad de facilitarlo para aquellos que están cerca de nosotros.

                     *Rector del campus México de la Universidad Panamericana.

 

 

Imágen Portada: 
Imágen Principal: 
Send to NewsML Feed: 
0

Source: Noticias

News Reporter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.